Una de las frases que más escucho cuando propongo meditación es:
“No puedo meditar, mi cabeza no para”.
Y acá va la verdad: la mente no tiene que parar.
Meditar no es apagar los pensamientos, es observarlos sin identificarte con ellos. Es como mirar al cielo y ver las nubes pasar. Asi tienen que pasar tus pensamientos…
Es volver una y otra vez al momento presente, como un ancla suave.
Es simplemente… escucharte sin ruido.
¿Por qué nos cuesta tanto parar?
Porque vivimos aceleradas, estimuladas y exigidas. Y en ese ritmo, el silencio incomoda.
Pero también es el portal hacia vos misma.
Cuando meditás, empezás a distinguir tu voz interna del ruido externo.
Y ese pequeño espacio de claridad puede transformarlo todo.
Mi práctica personal
Yo no medito todos los días de la misma forma. A veces es una respiración consciente. Otras, hago una meditación guiada. Y otras solo despliego mi mat para hacer un rato de Yoga suave: una meditación en movimiento.
No hay una sola forma de meditar.
Lo importante es encontrar la tuya.
Si querés empezar, probá esto:
- Sentate cómoda, sin expectativas.
- Cerrá los ojos y llevá atención a tu respiración.
- Cuando vengan pensamientos, no luches. Dejalos pasar como nubes.
- Volvé a la respiración. Una y otra vez.
Eso ya es meditar.
Y si lo hacés por 3 minutos al día, ya empezás a crear un nuevo estado.
Te animas a hacerlo hoy?
Despues contame como te fue.
Te leo.
Nati.
